Querido diario.
Tengo tantas ganas de escribir y de leer que no me alcanzan las horas del día.
Hace un tiempo retome el hábito de la lectura. Y no es que antes no leyera (siempre recuerdo a nuestra gran prócer contemporánea argentina Karina Olga Jelinek diciendo “no pertenezco a la generación que lee libros” y me rio de eso), sino que las plataformas les quitaron lugar a los libros y solo leía en vacaciones.
Antes que existiera Netflix, sólo podia ver series en mi casa y tenía que pedírselas a un compañero del laburo que me baje las temporadas completas a un DVD. Recuerdo que True Blood fue la primera que vi así.
En esa época vivía en Quilmes y trabajaba en Microcentro. Iba cambiando de transporte público y jugando a ver cuál andaba un poco menos peor, pero como minimo tenía una hora hasta la oficina y mataba el tiempo leyendo. Siempre llevaba un libro en la cartera hasta que le pude pedir a alguien que me trajera de afuera mi primer y único Kindle. Aún lo conservo con libros que no leí, pero que quiero y prefiero hacerlo en papel. Los años me volvieron analógica.
La saturación de plataformas (que aún resisto a darme de baja de alguna y sigo pagando fielmente cada mes) y contenidos hizo que muchas veces terminara haciendo zapping dentro de la misma y no terminar viendo nada. O viendo lo mismo, pues no me cansaré nunca de ver The Office. Asi fue como me volvi a acercar a los libros destinándolos a mi vida habitual y no solo a una reposera en la playa.
No fui la única, algunas de mis amigas empezaron a hacer lo mismo y hoy tenemos casi un club privado en el que nos vamos pasando los libros y hasta nos ponemos de acuerdo para no comprarnos el mismo.
Me metí en el “Tinder de libros”, un invento maravilloso y que funciona de maravilla. Es una página donde publicas los libros que ofreces y si alguien quiere el tuyo, a través de un botón se solicita el intercambio y te llega automaticamente un mail con los libros que esa persona ofrece y los datos de contacto. Si hay match le escribís y coordinan un encuentro. Ya que estamos dejo mi perfil.
Voy más de 20 libros intercambiados. Me divierte mucho hacerlo. Siempre me quedo charlando con la persona que me encuentro sobre que nos parecieron los libros, que otros estamos buscando, que autores nos gusta, etc. Me fascina ver que muchas veces la primera hoja que suele estar en blanco, tiene el sellito de la librería donde fue comprado o escrito el nombre de su dueño. Me imagino la historia de esa primera vez que el libro salió de la librería, con ese olor a nuevo tan viciante.
En lo que va del año leí 18 libros nuevos, retome 1 que había dejado hace años y volvi a leer otro que no me había gustado y eso me destruía ya que amo a la autora (El desapego es una manera de querernos de Selva Almada).
Trato de leer al menos 1 hora al día. Suelo hacerlo por la tarde cuando termino de trabajar. Pongo todos los dispositivos en silencio y me voy a la terraza con un termo de mate con las cotorras de fondo.
Empecé a escribir en el feed – o no sé cómo se llama acá – las lecturas de cada mes haciendo una breve reseña. Ya hice la de febrero por si gustan leer.
Lo loco que es que asi como las plataformas me saturaron, las redes sociales tambien. Pero en vez de dejar de usarlas del todo, migre mi tiempo en pantalla de unas a otras. Bajé considerablemente la estadía en Instagram para ahora pasar más tiempo en Goodreads y seguramente pronto suceda acá también. Que podrá ser una red social más saludable pero no deja de ser una red social al fin, no nos engañemos.
Algo que hice y me sirvió mucho fue desactivar las notificaciones de Instagram, X y Tik Tok. Me entero que alguien me escribió recién cuando entro en la aplicación, que trato sea después del mediodía.
También pongo en silencio y modo sueño el celular a una hora en que ya no quiero mirar más la pantalla, que suele ser a las 22hs si estoy en mi casa.
Leer antes de dormir es un buen ejercicio de comienzo para aquellos que nos costaba encontrar el momento en casa para hacerlo. Probablemente te duermas a las 5 páginas (y es un poco la idea), asi que recomiendo lecturas tranquilas y/o libros de cuentos que es una manera de disfrutarlos a mi parecer mucho mejor. Un cuentito y a mimir.
Respecto a la escritura, el año pasado le di una pausa a mi newsletter porque no encontraba motivación para escribir. Creo que tuvo que ver con haber vuelto a terapia que siento muchas cosas que quiero decir y me resultan catárticas hacerlo a través de un cursor titilando. También tengo ganas de volver a escribir de puño y letra en un diario íntimo y anotarme en algún taller de escritura.
Cuando era chica amaba tener diario íntimo. Escribi varios aproximadamente desde los 12 hasta los 20 años que todavia guardo. Si quieren hago un video reacción leyendo alguno.
Ademas me encantaba pegarle cosas: entradas de boliche, boletos de colectivo, un envoltorio de alguna golosina que alguien me regaló.
Tuve la idea hace unos años de volver a escribir asi en formato collage, pero como cuaderno de viaje. Lo hice en algunos viajes, pero llegaba tan agotada al hotel que no me daban ganas de escribir y hacerlo después. Ya sin tanto detalle que recordar y anotar no cobraba el mismo sentido.
Cada tanto me gusta leer esos diarios. Leer como pensaba la Vicky de los 13 años. Donde su problemática mayor era convencer a madre que la deje dormir en la casa de su amiga B y ahorrar algo de esos $5 semanales (un peso, un dólar ja!) que le daban para ir a bailar a ver si le alcanzaba para comprarse una remerita nueva y estrenarla el finde que viene. Porque, ante todo, capricorniana siempre…




